11 meses y unos días siendo mamá

Casi un año de maternidad

Ultimamente estoy melancólica y eufórica a la vez. Así me pongo normalmente cuando está por llegar mi cumpleaños. Me ha pasado toda la vida. Pero esta vez no es el mío el que se acerca sino el de la peque. Queda menos de un mes para que ella cumpla un año de vida y yo un año siendo mamá.

primer año siendo mamá

Ha pasado ya casi un año y no me lo parece. Una primavera, un verano, un otoño, un invierno y estamos a punto de arrancar una segunda vuelta. ¿Por qué tengo la sensación de que el tiempo paso rápido? Si he vivido un montón de cosas. Si hubo días que se me hicieron eternos. Semanas que parecieron interminables. ¿Por qué me parece que fue ayer que me dijeron “estas de parto”?

La evolución de un niño en un año es increíble y si ese año es el primero los cambios son radicales. Saliste del hospital con tu hijo en brazos aguantándole con delicadeza la cabecita y ahora corres detrás de un pequeño terremoto que arrasa con todo lo que está a su alcance. Va cambiando de altura, de peso, de talle de ropa y de intereses.

Casi un año, largo y corto a la vez, en el que no solo cambió ese bebé que parí, también cambié yo. Cambié mucho y muchas veces.Tanto que de algunos de los cambios no fui ni siquiera consciente.

Lloré, grité, reí. Sentí amor, miedo, culpa, preocupación, orgullo, alegría, enfado, dudas. Fui responsable, arriesgada, protectora, divertida, seria, controladora. Todo fue así, intenso y contradictorio. Hormonal, muy hormonal.

Tuve cientos de días en los que me quejé porque no me dejó dormir y otros en los que yo misma era la que me despertaba para comprobar que estaba bien.

Desarrolle un sentido del oído capaz de percibir su llanto aún a distancia y en espacios insonorizados. Unos reflejos increíbles para atajarla en situaciones peligrosas. La suficiente fuerza y resistencia en los brazos para cargarla el tiempo que fuera necesario. Y un hueco en las caderas en el que cabe a la perfección.

Me tocó adaptarme a nuevas situaciones y tener que volver a adaptarme a otras antes de haber asimilado las primeras. Cambiar de rutinas decenas de veces. Readaptar mis horarios otras cuantas.

Descubrí que:

Es posible hacer las cosas con una sola mano, mientras la otra sostiene, mece o acaricia.

Un bolso completo no es el que lleva las llaves, la cartera y el móvil sino el que carga pañales, toallitas y una muda por si acaso.

Del “ahora salgo” a la salida real hay una teta, un cambio de pañal y una lucha cuerpo a cuerpo por atarla en el carrito.

La casa se redecora constantemente de acuerdo a la altura del bebé.

El día varía en función de las horas o minutos de siesta que hace.

No es lo mismo ir a pie que ir a pie más un carrito.

Llegué a la conclusión de que nunca estás preparada para lo que viene pero nada es tan difícil como parece al comienzo.

Que esto es como uno de esos viajes que te cambian por el camino.  Te transforma. Te mejora.

Ha sido casi un año de mucho que se me ha hecho corto. Cuando miro las fotos de ella con 1 mes y la miro ahora creo que se trata de otro bebé. Y cuando me miro a mi en esas fotos pienso en la que era entonces y en la que soy ahora, más madura, más calmada.

11 meses y unos días siendo mamá.

 

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

 

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