Criar a una niña en un mundo donde las mujeres lo tenemos difícil

criar a una niña

Hace unos meses me enteré que una chica que conozco y aprecio mucho estaba embarazada. En ese momento, ella aún no conocía el sexo del bebé y recuerdo que me dijo “espero que sea niño, porque las mujeres lo tenemos difícil”. El tiempo, que responde (a su manera) a todo, reveló que esa barriga traía a una niña. ¿Paradoja, causalidad, reto? Sea como sea, mi amiga no se equivocaba, las mujeres lo tenemos difícil. Dura tarea es la de criar a una niña.

Es complicado criar a una niña. No porque las mujeres seamos difíciles, sino por que los padres y madres de niñas tenemos una asignatura añadida en su crianza: enseñarles a defenderse, a cuidarse y a sobrevivir ante las hostilidades con las que se pueden topar en un mundo no pensado para el sexo femenino. ¿Y cómo se hace eso? No lo se.

Mi hija es delicada, cariñosa, sensible, osada, inquieta, valiente. Juega con muñecas, carritos de bebé, cochecitos y pelotas (ya os lo conté en Los juguetes no tienen género). Abraza y da besos a sus compañeritos y compañeritas de guardería. Un día me pide que le ponga sus zapatitos con brillo y otro sus zapatillas de batalla. Nos imita tanto a su padre como a mí cuando cocinamos, arreglamos algo en casa, limpiamos, hablamos por teléfono o trabajamos con el ordenador. Le gusta el color rosa, y el verde y el celeste, y el lila. Baila, y es muy amplia con sus gustos musicales. Está conociendo el mundo y cabecita y su corazón están abiertos a todo. Todavía, por suerte, no sabe lo que es el género. Ni tuvo que oír aún que por pertenecer al femenino la sociedad le tiene reservadas solo algunas opciones.

Las mujeres luchamos toda nuestra vida en un mundo que nos dice constantemente que no nos merecemos nuestro lugar en él. Un mundo que por años y años ha querido (y sigue queriendo) hacernos creer que estamos aquí para servir, para cuidar, para proteger a otros (pareja, hijos…) y que si pensamos en nosotras somos egoístas. Unas ideas muy arraigadas que se manifiestan en forma de culpa si elegimos actuar distinto.

Es increíble que en la época en que estamos aún continuemos batallando por lo mismo. Es ridículo que para unas cosas se avance tan rápido y para otras tan lento.

Por suerte parece que la lucha va tomando fuerza. El 2017 fue un año muy representativo. En España, el Club de Malasmadres ha alzado el grito por la conciliación necesaria, pero una real y no la que nos quieren vender. Se ha dado un paso (pequeñísimo aún) con la ampliación de la baja de paternidad para que el padre tenga más implicación en la crianza de los hijos. Y la ley permite escoger el orden de los apellidos de los recién nacidos, pudiendo colocar el de la madre primero.

Pero también este año que pasó nos amargó con la indignación del vergonzoso juicio de “la manada”. Y acabó aún peor con la aparición del cuerpo de Diana Quer abandonado en un pozo como si se tratara de un deshecho.

23,25% menos es lo que cobran las mujeres en relación a los que cobran los hombres.

6 de cada 10 mujeres renuncian a su carrera profesional por ser madres.

49 (en espera de que se esclarezcan unos casos más) es el número de mujeres víctimas mortales de violencia de género durante 2017.

Y aún siendo víctima, la mujer es puesta en la palestra, juzgada, culpabilizada. Porque si una mujer sale a la calle con ropa ajustada y enseña más carne de “la moralmente aceptada” se considera que va provocando, si decide amamantar a su hijo en público es una exhibicionista, si se queda paralizada por el shock y no ofrece resistencia cuando la violan es que está consintiendo el sexo, si acepta sin quejarse condiciones laborales inferiores (porque miedo a perder el trabajo) es que no merece más, si es madre y decide continuar con su carrera profesional es una mala madre. Asco.

A mi me cuesta mucho saber todo esto y no mirar a mi hija sin que se me estruje el corazón pensando a dónde la traje. Me angustia pensar que algún día saldrá sola a la calle. Que algún día se enfrentará al mercado laboral. Que algún día conocerá la realidad en la que vivimos. Cuándo ese día llegue ¿habrá cambiado algo?.

Llevaba días cansada y un poco deprimida por cosas personales. Reflexionando introspectivamente sobre lo que quiero conseguir en 2018, ordenando mis ideas y poco inspirada para escribir. Pero a veces lo que hay que decir es tan fuerte y escuece por dentro de tal manera que solo hay que dejarlo salir. Hoy, toda está vorágine de pensamientos me explotó en la cabeza.

A los 20 años tomé un avión que me alejó 13000 kilómetros de mi casa, mis padres, mi hermana, mis amigos, mis lugares conocidos, mi comida, mis costumbres, mi rutina. Entendí que crecer y madurar de golpe era necesario porque lejos de lo tuyo, lo conocido, lo familiar, las cosas son difíciles. Lloré muchas horas por teléfono con mi madre al otro lado de la línea y ahora que yo también soy madre entiendo todo lo que debía sentir ella en esos momentos.

Pero nunca pensé en volver porque no iba a desaprovechar ninguna oportunidad de la vida. Las cosas se complicaron unas cuantas veces. Conocí a personas que valían mucho y otras que no valían nada, tuve que ser fuerte, aprender a reconocerlas y saber como tratar a cada una de ellas. Me defendí, me quejé, protesté todas las veces que tuve la fortaleza de espíritu para hacerlo. Me endurecí. Forjé un escudo que en ocasiones puede hacerme parecer lejana, antipática, seria. Yo prefiero pensar que soy reflexiva y que voy con cuidado. Pero reconozco que quizá me gustara más mi yo inocente.

A veces me pregunto si seré un buen ejemplo para mi hija. Si conseguiré enseñarle a vivir sin cambiar su esencia. Porque, insisto, no se cómo se hace.

Los padres y madres de hijas mujeres lo tenemos difícil. Pero los padres y madres de hijos varones, también. Porque esto es trabajo de todos y todas.

Quiero creer que hay esperanza. Que esta situación solo será un mal recuerdo en el futuro. Me quedo con frase con la que Oprah Winfrey cerró el discurso en la gala de entrega de los Globos de Oro 2018:

“Tenemos por delante un nuevo día y cuando finalmente amanezca ese nuevo día será gracias a muchas mujeres y muchos magníficos hombres que van a luchar unidos para garantizar que llegue el momento en el que nadie tenga que decir, nunca más, ‘yo también’”

Discurso Oprah Winfrey en la gala de entrega de Globos de Oro 2018.


Anuncio de la marca Joma patrocinadora de la Selección Española Femenina de Rugby. El lema: “Seas como seas tienes un sitio. Sólo hay que ser valiente”

 

Tenemos mucho por hacer.

 

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