Una imagen, una historia #1. Cuento: La sirena que deseaba poder nadar

“Una imagen, una historia” es una propuesta ideada por Misión Mamá Ninja. Se trata, como su nombre ya nos adelanta, de que cada semana contaremos con una propuesta de imagen nueva y a partir de ella tendremos el reto de crear una historia. La primera ilustración, con la que arranca este bonito proyecto, es de Paula de Porquesuenio . El cuento que os traigo es de mi cosecha.

La historia que me ha inspirado esta imagen trata acerca de discapacidad, compañerismo, inocencia, imaginación, aventuras, amistad y de que lo imposible no existe.

Os dejo con Ramona, Amelia y sus amigos. Leed, soñad y disfrutad junto a ellos.

una imagen una historia cuento la sirena que soñaba con poder nadar

 

La sirena que deseaba poder nadar

Ramona era una sirena de 10 años. Tenía el cabello largo y color azul como la tarde, decía su madre, y una cola con escamas turquesa que brillaban como la purpurina cuando las tocaban los rayos de sol que traspasaban la superficie del agua.

Su familia la quería mucho, estaba rodeada de amigos y poseía una gran cantidad de juguetes. Pero, se despertaba cada día deseando solo una cosa: poder nadar. Ramona había nacido con una atrofia en su cola que le impedía hacer los movimientos necesarios para desplazarse por el agua por su propia cuenta. Así que necesitaba una silla de ruedas para poder ir de un sitio a otro.

Un día, mientras iba con su madre hacia la escuela, Ramona oyó de lejos unas risas. Dirigió su mirada a la dirección de donde provenía el sonido y vio a sus amigos jugando al escondite entre los corales, nadando arriba y abajo, dando saltos fuera del agua y volviendo a sumergirse hasta el fondo. Suspiro profundo, con uno de esos suspiros que sonaban alto y hacían burbujitas, y dijo en voz alta:

–Me gustaría poder jugar como ellos. Quiero conocer lo que hay más arriba.

Su madre contuvo el nudo que se le había formado en la garganta y se secó rápidamente las lagrimas que le comenzaban a inundar los ojos para que su hija no las viera.

–Me encantaría, hija, me encantaría –le respondió con un hilo de voz.

Ramona, sin embargo y a pesar de su corta edad, era muy sensible y percibió la tristeza de su madre. Así que aunque lo anhelaba infinitamente decidió que no se lo volvería a decir nunca más.

Cuando llegó a clase, Ramona aún seguía pensando en su deseo y en su rostro se dibujaba un gesto apagado y triste.

Amelia, una pececilla naranja simpática y muy lista, que era la mejor amiga de Ramona, se sentó en el pupitre de su derecha.

–¿Que te pasa Ramona? –le dijo Amelia, sacándola de sus pensamientos.

–Hoy, de camino hacia aquí, os he visto jugando entre los corales y… –volvió a suspirar –se que yo nunca podré divertirme así.

–¿Qué dices Ramona?, ¡nada es imposible!. Solo hay que tener un poco de imaginación.

Ramona frunció el ceño y torció su boca de lado como hacía en las ocasiones en que oía algo que no se creía.

Amelia sonrió, como siempre. Y enseguida cambio de tema:

–Venga, Ramona. Vamos a repasar, que hoy tenemos examen de matemáticas. ¿Has estudiado?

Y juntas se pusieron a practicar cálculos.

Amelia acabó el examen rapidísimo y salió con prisa al recreo. Pero, antes de cruzar la puerta buscó a Ramona con la mirada, y le indicó con una seña que la esperaba en el patio.

Ramona terminó unos minutos más tarde y fue en busca de su amiga. La encontró reunida con otros de sus compañeros. No era raro ver a Amelia rodeada de amigos. Caía bien a todos.

–Aquí estoy Ramona –gritó Amelia sacudiendo las aletas en el aire. –¡Espera, voy a buscarte!.

Se acercó corriendo hacia Ramona, y se colocó detrás de la silla para llevarla hasta donde esperaban los demás.

–Veras Ramona, estuvimos pensando y se nos ocurrió una idea para que tu también…. –dijo Amelia mientras se desplazaban, haciendo una pausa al final de la frase.

–¿Yo también que? –pregunto Ramona.

–Espera, y lo descubrirás.

Llegaron a la otra punta del patio donde las esperaban los mellizos Mario y Arturo (unos peces de la misma especie que Amelia), Julieta (una medusa), Sebastian (un caballito de mar), y Griselda, (una ballena azul).

–¡Hola Ramona! –dijo Griselda –¿Estas preparada?

–¿Preparada para que? –preguntó Ramona.

–¡Para el viaje!

–Griselda! ¡Que despistada eres! ¡Era una sorpresa! –dijo Mario, mirando a Griselda con los ojos muy abiertos.

–¡Perdón! –dijo Griselda y se tapó, muy graciosa, la cara con las aletas.

–Cierra los ojos, Ramona –dijo Julieta.

Ramona, que los contemplaba con cara de incredulidad, sorpresa y un poco de temor por lo que se les hubiera podido ocurrir, dudó un par de segundos, pero luego, obedeció.

Mientras ella esperaba con los ojos cerrados. Mario rebuscó en el escondite que habían improvisado detrás de una piedra y sacó de allí una cuerda. Su hermano Arturo y Sebastián, lo ayudaron a rodear con ésta el cuerpo de Griselda y con nudos muy bien elaborados fabricaron con la misma cuerda un columpio que colgaba debajo de ella. Pasaron con cuidado el lazo que formaba el columpio por las piernas de Ramona y lo deslizaron entre el asiento de la silla y su cuerpo de manera que ella quedara sentada encima del columpio. Llevaron las manos de Ramona hasta las cuerdas que subían por sus laterales y le pidieron que las apretara con fuerza.

Cuando se aseguraron de que todo estaba listo. Mario se acercó a Griselda y le murmuró en voz baja, para que Ramona no oyera:

–Todo listo.

Griselda emprendió el nado y entonces Amelia contenta gritó:

–¡Abre los ojos, Ramona!

Cuando Ramona abrió los ojos se le dibujó una sonrisa muy amplia en la cara.

–¡Esto es geniaaaaaaal! ¡Gracias amigos! –gritó.

–¡De nada! –respondieron todos los demás a la vez.

–¡Te lo mereces! –agregó Julieta.

–¿A dónde quieres ir? –preguntó Griselda.

–¡A vivir aventuras! –respondió Ramona.

De repente se sumaron a ellos otros peces naranjas del cole y mientras recorrían todos juntos el patio por sitios en los que Ramona nunca había estado, Amelia se acercó a ella y le dijo:

–Te dije que nada es imposible.

Esa noche Ramona soñó que sus amigos y ella volvían a emprender la aventura pero esta vez traspasaban el límite del agua y surcaban los cielos.

¿Quién sabe? Solo había que tener un poco de imaginación. Nada es imposible.

 

¿Qué os pareció el cuento? ¿Os gustó?

Si queréis participar de Una imagen, una historia, encontraréis las reglas aquí

 

¡Nos vamos leyendo!

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