Jugar, crear, aprender. Cómo entretener a los niños en casa

Actividades para niños en casa

Se acerca Semana Santa y con ello, unos cuantos días con los peques en casa. Si el tiempo acompaña y se puede salir a pasear o a hacer alguna actividad al aire libre, genial. Pero si nos tenemos que quedar en casa o salimos pero no sabemos como entretener a los peques, podemos ponerlos a hacer algo divertido y que a la vez los haga aprender algo.

Para plantear unas propuestas que fueran más allá de solo hacer pasar el rato a los peques, que sacaran un aprendizaje de ello, consulte con alguien que supiera bien del tema. Y mi experta preferida en temas de arte es mi hermana Valeria, estudiante de los últimos años del profesorado de artes visuales y con mucha experiencia organizando talleres infantiles, ademas de una artista de las que lo llevan en las venas (y no es porque sea mi hermana, ¡es verdad!).

Las actividades que nos propone Valeria son para niños a partir de los 3 años, utilizan distintas técnicas y giran en torno al tema de la diversidad. La diversidad de humanos, animales y del mundo que nos rodea. El objetivo: que los niños la reconozcan y eviten el estereotipo. Además, aprenden a manipular distintos materiales.

Empezamos…

Estampando 

La primera actividad consiste en pintar caritas en papel utilizando unos sellos que pueden hacer los mismos peques o los podemos ayudar si hace falta. Utilizando las bandejas de poliespan en las que suelen venir algunos embutidos, verduras o carnes, cortamos cuadradillos y en cada uno de ellos se dibuja haciendo presión, (con un boli o un lápiz con mucha punta), partes de la cara (ojos, nariz, boca, orejas).

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Preparando los materiales para los sellos

A continuación se prepara, en unos cuencos o frascos, diferentes colores de tempera mezclada con un poco de detergente lavavajillas (el detergente es para que la tempera esté más líquida y no se seque tan rápido). Con un pincel o rodillo pequeño se pintan los cuadraditos intentando que la tempera no entre en los surcos que forman el dibujo. Después, sobre un papel se van estampando los sellos con las diferentes partes formando la cara.

Si intervienen varios nenes, cada uno tiene un sello distinto y un papel, estampan cada uno su parte y le pasan el papel al compañero. Así entre todos van creando las caritas, uno pone los ojitos, el otro las narices, etc.

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Formando las caras con los sellos

Otra opción para hacer los sellos es recortar las formas en goma Eva y pegarlas sobre cuadraditos de cartón con la pistola de silicona o con pegamento. Y una tercera variante sería utilizar tapas de botellas o frascos a modo de sellos y con ellos que el niño forme distintas figuras.

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Haciendo los sellos con goma Eva. Tapas y tapones para usar de sellos. Pintura hecha con las tapas.

Esculpiendo

En este caso el material será un bloque de arcilla (que se vende en las tiendas de manualidades o en los chinos) y las herramientas, palitos de helado o hilo de pescar. Los niños deben utilizar los palitos o el hilo para ir desbastando (quitando trozos) para formar una figura en la arcilla. La figura puede ser humana o animal. Con un boligrafo, lápiz o algo con punta se hacen las incisiones para los detalles.

La arcilla se puede reemplazar por masa de sal, que no es tóxica y se puede colorear con colorante comestible, no tiene la misma elasticidad que la arcilla, pero se divierten igual.

Antes y durante la actividad se les pueden ir enseñando imágenes para estimularlos. Por ejemplo: para que vean cuan diversos pueden ser los rostros,  mostrarles fotos de retratos de diferentes etnias y marcarles las diferencias que pueden existir en los rasgos. De esta manera se evita la tendencia a la estereotipación.

Creando un personaje

Invitar a los niños a pensar un personaje fantástico, inventado por ellos (antes se les puede leer un cuento para estimular la imaginación). Después proponerles reciclar cosas que encuentren por casa, como cajas de cartón, hueveras, rollos de papel higiénico, etc., para montar al personaje ensamblando los distintos materiales que hayan encontrado y pintarlo o forrarlo con papeles de colores o lo que se les ocurra.

El mundo de un solo color

Esta última actividad consiste en hacerlos pensar un mundo de un solo color. Después tienen que buscar en revistas y recortar tonos diferentes de ese color. Utilizando la técnica del collage deben ir creando en un papel ese mundo imaginado.

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Seleccionando los recortes de cada color

Si los niños son más pequeños y aún no tienen bien desarrollada la motricidad fina, en lugar de utilizar tijeras pueden recortar los papeles con la mano.

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Los collages acabados

Para ayudarlos a pensar ese mundo de un solo color se les puede leer un cuento. Uno muy interesante es El hombrecito verde y su pájaro, de Laura Devetach (Argentina)

Aquí les dejo la introducción y los primeros dos capítulos del cuento:

 

El hombrecito verde y su pájaro

Introducción:

Una vez me contaron

Una vez me contaron que alguien contó que el hombrecito verde de la casa verde del país verde estaba leyendo un libro verde.

De pronto, toc-toc-toc, sonaron verdes golpes a la puerta verde.

El hombrecito verde abrió y se encontró con el hombrecito rojo, que se puso más rojo y dijo:

—¡Perdone! Pa… parece que me equivoqué de cuento.

Y el hombrecito verde se quedó verdemente solo.

Y yo le escribí esta historia.

Capítulo I: El hombrecito verde y su pájaro

El hombrecito verde de la casa verde del país verde tenía un pájaro.

Era un pájaro verde de verde vuelo. Vivía en una jaula verde y pico- teaba verdes verdes semillas.

El hombrecito verde cultivaba la tierra verde, tocaba verde música en su flauta y abría la puerta verde de la jaula para que su pájaro saliera cuando tuviera ganas.

El pájaro se iba a picotear semillas y volaba verde, verde, verdemente. Un día en medio de un verde vuelo vio unos racimos que le hicieron esponjar las verdes plumas.

El pájaro picoteó verdemente los racimos y sintió una gran alegría color naranja.

Y voló, y su vuelo fue de otro color. Y cantó, y su canto fue de otro color. 

Cuando llegó a la casita verde, el hombrecito verde lo esperaba con verde sonrisa.

—¡Hola pájaro! —le dijo.

Y lo miró revolotear sobre el sillón verde, la verde pava y el libro verde.

Pero en cada vuelo verde y en cada trino, el pájaro dejaba manchitas amarillas, pequeños puntos blancos y violetas.

El hombrecito verde vio con asombro cómo el pájaro ponía colores en su sillón verde, en sus cortinas y en su cafetera.

—¡Oh, no! —dijo verdemente alarmado.

Y miró bien a su pájaro verde y lo encontró un poco lila y un poco verdemar.

—¡Oh, no! —dijo, y con verde apuro buscó pintura verde y pintó el pico, pintó las patas, pintó las plumas.

Verde verdemente pintó a su pájaro. 

Pero cuando el pájaro cantó, no pudo pintar su canto. Y cuando el pájaro voló, no pudo pintar su vuelo. Todo era verdemente inútil.

Y el hombrecito verde dejó en el suelo el pincel verde y la verde pintura. Se sentó en la alfombra verde sintiendo un burbujeo por todo el cuerpo. Una especie de cosquilla azul.

Y se puso a tocar la flauta verde mirando a lo lejos. Y de la flauta salió una música verdeazulrosa que hizo revolotear celestemente al pájaro.

Capítulo II: Verdes dudas

El hombrecito verde de la casa verde del país verde tenía un miedo verde.

Un buen día se encontró con que su verde pájaro cantaba canciones amarillas y violetas, volaba con vuelos azules, y ya nada estaba igual.

Todo era un verde dolor de cabeza.

Por eso el hombrecito verde empezó a pensar qué cosas habría un poco más allá de su país verde, detrás de la mata verde. Qué cosas de allá hacían que todo cambiara tanto del lado de acá.

Estaba desconcertado y tenía verdes dudas sobre todas las cosas.

—El mundo siempre fue verde —rezongaba, tomando un verde mate—. Siempre fue verde y así está bien.

Y reprimía los suspiros, porque vaya a saberse de qué color le saldrían. El pájaro, entre tanto, le cantaba en solfa un tango que decía: “Tarde gris, tan gris como mi pena…”.

El hombrecito verde le tiró unos cuantos manotazos para que se callara el pico, porque ¿qué iban a decir los vecinos verdes?

Pero el pájaro, alborotado, cantó más fuerte:

Rojo mi corazón celeste el cielo amarillo mi amor azul mi vuelo.

Entonces el hombrecito verde se metió en la cama verde y se tapó la cabeza con la verde almohada.

Cerró con fuerza los ojos y no pudo evitar ver, en el fondo de lo negro, un montón de dibujos dorados.

 

Espero que os hayan gustado las actividades y que les podáis sacar partido con vuestros peques. Si las hacéis contadme cómo han ido.

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

 

 

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