Guardería. Como pasé del no al si

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Estoy segura de que algunos de vosotros os estaréis planteando u os plantearéis este interrogante en algún momento: ¿llevar al niño a la guardería o no? O puede que ya hayáis tomado la decisión pero aún os ronden las dudas. Por eso hoy dedico el post a explicar mi propio balance acerca del primer año de guardería de S. Os contaré lo que, en mi opinión, nos ofreció esta experiencia.

Para empezar, vale aclarar, que así como en otros aspectos he tenido las cosas muy claras desde el principio, respecto a la guardería no fue así. No estaba nada convencida.

Yo era de esas madres que no quieren llevar a sus hijos a guardería. No había vivido esa experiencia en carne propia. Hasta los tres años estuve en casa con mi madre y quería lo mismo para mi hija. Sin embargo, las circunstancias nos llevan a menudo a cambiar nuestro parecer. En este caso aun a costa de sacrificar lo que de antemano creíamos más conveniente. Y, como en muchas cosas, el paso del tiempo me hizo cambiar de opinión.

Disfrute de mi peque 24/7 todo el tiempo que me fue posible (¡un año! ) y cuando ya no lo fue, valoré las alternativas a mi alcance. Afortunadamente la guardería pública fue una de ellas. Digo afortunadamente porque todos sabemos que conseguir plaza en uno de estos centros no siempre es posible. Me considero una privilegiada al respecto. Mira tu por dónde, la suerte nunca estuvo de mi lado en los juegos de azar y sin embargo ese día nuestra bolita salió la primera en el sorteo.

Primer acercamiento a la guardería

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Tuve que superar etapas para comprender que aunque no era lo que tenía pensado, se trató de una buena decisión.

El primer obstáculo lo derribé en mi primera reunión (cuando fui a informarme) con la directora del centro. El segundo, cuando recorrí las instalaciones. El tercero, cuando conocí a sus educadoras. Estos tres primeros pasos fueron clave.

Si mi hija iba a pasar tiempo allí tenía que ser un lugar que me diera buen rollo (ya me entendéis) y su personal, confianza. Y así fue (tanto que hasta me convencieron para formar parte del Consejo Participativo)

El siguiente paso fue la adaptación.

Adaptación

Completar un periodo de adaptación de manera satisfactoria es absolutamente necesario para el niño y aún más para los adultos. Poder llegar a ese momento en el que somos capaces de marchar con la sensación y certeza de que estará bien a pesar de que llore un poco al cerrar la puerta, requiere tiempo y paciencia.

Acerca de la adaptación escribí un post el año pasado, cuando tenía el tema bastante fresco: Adaptación a la guardería. Lugar nuevo, gente nueva y mami se va. Y os lo recomiendo porque en él me explayo largo y tendido al respecto y creo que os puede ser útil para ir preparados.

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Y este preludio es para explicaros sin intención de asustar que la adaptación no es fácil. Los primeros pasos superados no me libraron de pasar por lo que pase, pasamos y pasaréis muchos de vosotros también: miedos, dudas, inseguridades, culpa… Y podría seguir enumerando.

Sin embargo, la mirada en retrospectiva me dibuja el recorrido en el que una a una y poco a poco esas sombras se fueron disipando. Dando lugar a la satisfacción, la alegría y la seguridad de haber tomado una decisión positiva para el futuro de mi hija.

Os puedo hablar del día que se quedó tan entretenida que ella misma me dio un besito para que marchara. O contar el día que la fui a buscar y me indico la silla en la que debía sentarme a esperar porque ella aún estaba muy ocupada. O reirme del día que estuvo un buen rato haciéndose la distraída como si no me hubiera visto para quedarse un poco más jugando. En fin, momentos en los que, a su manera, me dejó saber que ella allí es feliz.

Participar

Como ya os adelante en un paréntesis por allí arriba, me invitaron a formar parte del Consell Participatiu (Consejo Participativo). Junto a otros padres dedicamos un par de horas al mes para estar al corriente de las cuestiones que afectan al centro, organizar eventos y hasta cantar villancicos en público. Cosas que me hicieron estar más cerca del día a día de mi hija en la guardería.

No os estoy diciendo que os liéis como yo (o si, que al final es divertido) Pero, participad en lo que podáis, acercáos y conoced el espacio y la gente que está allí a cargo de vuestros peques. Y ayudad cuando os sea posible. Suma para vuestros hijos, para la escuela y para vosotros.

¿Qué le aportó la guardería en este primer año?

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Sigo convencida de que, de haberse quedarse conmigo S hubiera estado estupendamente. Pero en compensación a esos momentos que nos quedamos sin vivir juntas hubo otros muy enriquecedores para ella.

Yo englobaría los aportes en tres puntos: socialización, rutinas y pertenencia.

Dentro de socialización incluyo aspectos como el hecho de que otros adultos que no pertenecen al circulo familiar o cercano del niño se hagan cargo de su cuidado y este llegue a establecer un vinculo afectivo con ellos. Aquí también hay que hablar de los nuevos amigos que aparecen en su vida. Niños de su misma edad con los que comparte juguetes, espacios, momentos y experiencias. Y con quienes además coincide en etapas y procesos de crecimiento. A pesar de que cada uno tiene sus propias capacidades, habilidades y dificultades.

Los hábitos y rutinas son otro de los aportes, en mi opinión, invaluables de la guardería. Aquí entran aspectos relativos a la alimentación, el sueño y el orden que a menudo (aunque no en todos los casos) son difíciles de resolver en casa.

Y, por último, añado lo que yo denomino sentimiento de pertenencia a un lugar. La guardería se convierte en un espacio propio. Un lugar que no comparten con papá y mamá, que está adaptado para ellos y en el que viven experiencias que luego pueden explicar (a su manera) al resto de la familia.

Balance

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Puntos negativos: momentos que mi hija no compartió conmigo. Pero que, en compensación, sus educadoras se encargaron de detallar e ilustrar con fotografías en su cuaderno. Y algún que otro resfriado (por supuesto).

Puntos positivos: aprendizajes vitales, experiencias y amigos nuevos para ella. Y un grupo de padres y madres con los que compartir pareceres, para mi.

¿Qué más?

Para acabar, un consejo. Armaos de paciencia (para las negociaciones), fuerza de voluntad (no sucumbáis a las lagrimillas) y entusiasmo (es una linda experiencia). Esto es el principio de un largo camino.

 

¡Nos vamos leyendo!

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