La importancia y la suerte de tener abuelos

No supe lo que era tener abuelos hasta ahora

abuelos

“Para educar a un niño hace falta la tribu entera” reza aquel proverbio africano y la publicidad de una marca muy conocida de productos infantiles lo ilustra con una abuela y su nieto. Y no se equivocan. Ni el proverbio ni la publicidad. Los abuelos hacen falta.

Yo no tuve abuelos. El único que me quedaba cuando nací fue mi abuelo Alfredo. “Me disfruto” (como dicen mis papás) 15 días. Me dejó su violín, el objeto que él más quería y que aprendió a tocar solo. Porque, según me cuentan, era autodidacta. Y durante muchos años cuando miraba el violín pensaba en él y me lo imaginaba tocándolo. El violín se perdió, por circunstancias malas de la vida, y a mí se me estrujó el corazón un poquito. De mis otros tres abuelos sólo tengo fotos, y lo que me han contado de ellos. Me lo guardo todo en la memoria.

Me hubiera gustado tener una infancia con abuelos, aunque nunca supe cómo era eso. Hasta ahora.

Estos últimos cuatro días los pase en casa de mis padres. Viven a cierta distancia así que cuando puedo ir aprovecho y me quedo unos días. Además están a dos calles de la playa (creo que ni hacen falta más comentarios, jajaja!) Pero me desvío… A lo que iba es a que ahora que la nena se empieza a dar cuenta de todo y de todos, veo la relación que establece con las personas. Y la que tiene con sus abuelos es especial, muy especial. Tanto que por momentos se olvida de mi. Los busca, les juega, les pide mimos, les da besitos… Los ama. Y ellos se mueren por ella.

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S y su abu Gustavo

Mi mamá dice que los hijos son un regalo pero los nietos son un premio por haber llegado a viejos.

No es, como se suele oír, que los abuelos malcrían. Los abuelos consienten pero también ayudan a educar. Porque con ese amor también se educa, no nos olvidemos de eso. Ellos ya pasaron por todos nuestros miedos de primerizos, se equivocaron, aprendieron y ahora, desechando toda la paja, se quedan con lo único imprescindible, el amor. Y con la relajación que da la experiencia pueden dedicarse exclusivamente a lo que importa: disfrutar los momentos. Sin restricciones, presiones ni obligaciones. Y eso también hace falta. A veces vamos tan acelerados por todo lo que hay que hacer, todo lo que hay que cumplir, que nos perdemos momentos. Y no importa los millones de fotos que tengamos, o todas las cosas de recuerdo que guardemos, si no tenemos momentos no tendremos nada.

Estos cuatro días la vi a mi hija muy feliz, como cada vez que ve a sus abuelos. Tan feliz como para reírse con sonido, y esas son palabras mayores. No una sonrisa, sino una risa casi carcajada. De las que le hacen arrugar los ojitos.

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S y su abu Totti

Los necesita. Le hacen falta. Y por suerte los tiene. ¡Y tiene cinco! Porque las familias son como son y a veces se tiene la fortuna de tenerla repetida.

Yo no tuve abuelos, pero ella tiene tres abuelas y dos abuelos.

Será que lo quise tanto que un día se me concedió el deseo.

 

Se lo dedico a mis cuatro abuelos, un besito al cielo para cada uno de ellos. Y a los cinco de S, que los tenga y los disfrute mucho tiempo.

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

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