Ser madre y por si fuera poco, primeriza

ser mamá es necesitar un descanso a veces
Cómic Mamá Ilustrada

Del embarazo soñado a una maternidad agotadora

Dicen que el primer año de ser madre es duro. Quizá para cada una este periodo tenga una duración distinta, pueden ser 12 meses, puede que más o puede que menos, pero todas o casi todas pasamos por lo mismo. Soledad, angustia, ansiedad, cansancio, sentirte incomprendida, no saber si lo estás haciendo bien y ver que tu vida, o la que era tu vida hasta ese momento, ha desaparecido. Eso es lo que la mayoría experimenta.

Te quedaste embarazada, desbordas de felicidad, la vida te parece maravillosa. Superas el embarazo entre mareos, nauseas, vómitos, pies hinchados y una revolución hormonal que te hace cambiar de humor mil veces al día. Aún así, vives en una nube de felicidad y sueñas y ansias que llegue el día de conocer a tu bebé. Superas el parto, con contracciones y dolores. Si has tenido cesárea o episiotomía o desgarros, aún te queda que el dolor se pase, pero estás feliz porque tu hijo esta aquí. De repente, ¡plaf! te cae encima la rutina. Las visitas se acaban, a tu marido se le termina la baja paternal y te ves sola. Sola ante el peligro y la monotonía de muchos días iguales.

Tu rutina ahora es cambiarle los pañales, darle de comer, hacerlo dormir, darle la teta, calmarlo cuando llora, alzarlo cuando lo necesita, vigilarlo que no haga nada peligroso… Y no sé si lo habéis notado pero  todas estas acciones son para el bebé. ¿Y nosotras que? Nosotras nos duchamos en tiempo récord, nos maquillamos solo cuando es necesario, comemos cuando podemos, poco y a veces frío, nos compramos ropa cuando ya es imposible postergarlo, dormimos a trozos y solo cuando tenemos tiempo, vamos a los sitios a donde los podemos llevar, y podría seguir pero tu ya sabes el resto. Sí, hasta las actividades que tienen que ver con nosotras mismas están condicionadas a ellos.

En el embarazo, te sentías esplendida. Eras la protagonista. Todos se desvivían por cuidarte y ayudarte. Pero nace el bebé y la tortilla se da vuelta. Esto es difícil de asimilar. La nueva rutina es dura de aceptar. Nos vemos absorbidas por el bebé y sus demandas, y al mismo tiempo sentimos que lo que nos definía como personas, como mujeres empieza a desaparecer. Sentimos que solo somos madres. Llegas incluso a notarte alejada del entorno, de los demás, inmersa en una burbuja. Una burbuja donde a pesar de todo sientes que no controlas la situación, que la rutina te desborda, que la culpabilidad a veces te asalta. ¿Culpabilidad por qué? Por pensar que no eres buena madre, por sentirte triste o abrumada ante lo más feliz que tienes, tu hijo.

¿Y si nos lo replanteamos?

¿Parecen más cosas negativas que positivas verdad?  Pero no es así. Es verdad, nadie te advirtió de lo duro que era, y si lo hicieron probablemente creíste que exageraban. Sin embargo, esto pasará. Pasará rápido aunque ahora las horas te parezcan lentas y los días idénticos y repetitivos. Pasará porque ese bebé crecerá y antes de lo que te gustaría no te necesitara tanto. Y cuando ese momento llegue echarás de menos lo que ahora te parece angustiante. Sino, preguntale a la madre de un adolescente. Verás cuán maravilloso recuerda ella el momento en que su hijo era un bebé.

Por eso aunque sea duro, intenta vivir este momento con felicidad. Para ello es necesario que hagas algunos cambios:

  • Busca amigas o conocidas que estén en la misma situación que tú y queda con ellas. Pónganse de acuerdo para ir a caminar, a tomar un café, al parque, a donde sea. Charla mucho con ellas, te entenderán y te sentirás comprendida.
  • Hazte un hueco para hacer algo para ti. . Deja a tu hijo al cuidado de otra persona y dedícate un tiempo para ti. Ve al gimnasio, a correr, a la peluquería o a comprar ropa, hazte la manicura, la pedicura, ponte una mascarilla, o lo que sea. O quédate en casa y duerme una siesta, tírate en el sofá a mirar una peli o un maratón de tu serie favorita. No importa lo que hagas mientras sea algo que te haga feliz. Por pequeño que sea ese rato, lo necesitas. Y, tu peque es adorable así que nadie te pondrá pegas por cuidarlo un ratito, créeme.
  • Si lo anterior se te hace difícil porque no tienes con quien dejar a tu chiquitín, intégralo a alguna actividad que a ti te guste hacer. Sal a correr o a caminar con el carrito (tu bebé se lo pasará genial), apúntate a actividades para mamás y bebés (hay gimnasia para mamás, cursillos, incluso hay quedadas de mamas con bebes, etc.), o haz ejercicios en tu casa y usa a tu bebé como una pesa (más adelante os enseñaré como lo hacemos nosotras, ¡es muy divertido!)
  • Pide ayuda. Si no puedes con todo y tienes alguien a quien puedas pedirle que te eche una mano, hazlo. Una amiga, una hermana, tu madre, tu suegra, tu vecina, quien sea. Pero no te sientas culpable por no poder con todo.
  • Olvídate del resto del mundo por un rato y siéntate en el suelo con tu bebé a jugar. Su cara de felicidad te cambiará el humor.
  • Y, por último, recuerda que esto solo es un período. Que todo pasará y volverás a ser la de siempre. Todo esto se convertirá en una anécdota, a la que con el paso de los años le iras quitando hierro hasta que llegues a recordarla como una época adorable. Todo tiempo pasado siempre fue mejor.

 

Haciendo balance, quedémonos con lo importante. Todas o al menos muchas de nosotras pasamos por esto. Disfruta de este momento que se irá y lo añorarás. Si te sientes agobiada, desbordada, estresada, pára. Encuentra un momento solo para tí. Haz algo que te haga feliz. No te sientas mal por necesitar recuperar a tu yo de antes de parir por un rato. Incluso en ese rato tuyo seguirás siendo madre. Una madre feliz. Tu hijo lo notará. La conexión madre-hijo es tan grande que ellos sienten lo que nosotras sentimos. Resultado, tu hijo se criará viendote contenta y sonriendo porque aunque él sea parte de ti necesitas otras cosas para completarte como persona. Vive sus momento y los tuyos con intensidad que el tiempo vuela.

 

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

El lunes: inauguro la sección “Juegos y aprendizaje”. ¡No os lo perdáis!

 

 

Comments

  1. Pingback: Puerperio psicológico. Lo que no te habían contado  - Mameando - Maternidad y crianza

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