Mi hija se parece a mi

Se parece a mi y a mi se me dibuja una sonrisa tonta en la cara

mi hija se parece a mi
Yo, chupándome el dedo como hace S.

Estaba sentada frente al ordenador “boludeando”, como diríamos coloquialmente en Argentina, sin saber sobre qué escribir hoy. Estas últimas dos semanas, por distintos asuntos personales he estado un poco alejada del teclado. Pero hoy, estaban mis padres en casa, y eso siempre da lugar a charlas varias. Mientras tomábamos unos mates y la peque se alternaba entre el suelo y nuestras faldas, la empezamos a mirar, y ellos le empezaron a sacar su parecido conmigo. “Hoy está igual a vos”, dijo mi mamá, que a veces la ve parecida a mi y otras al padre, ella dice que va por días.

El caso es que, en un momento y para confirmar lo que decíamos, me fui a buscar las fotos de cuando yo era pequeña (las que fui trayendo en los pocos viajes que hice a mi país) y al compararlas con S le encontramos muchas similitudes. Los mismos ricitos, el mismo cuerpito, la misma expresión… Y no pude evitar pensar en la satisfacción que da encontrar algo tuyo en tus hijos. Es decir: mi hija se parece a mi y yo babeo de orgullo.

Y como si las musas estuvieran escondidas entre esas fotos, hipnotizadas por el aroma a papel viejo, y de repente se despertaran, me vino la inspiración y, con ella, un montón de palabras atolondradas tropezándose entre ellas para salir de mis dedos. Mi hija se parece a mi. Y un poco al padre también. Pero tiene mucho de mi. Tanto que su abuelo a veces se confunde, la mente lo traiciona y cree que soy yo, hace 30 años.

mi hija se parece a mi
Yo, también, con la edad de S ahora

La contemplo, con esa tontera con la que contemplamos los padres. Y, es en ese momento, en el que nos vemos en un espejo retrospectivo, en el que, como diría Serrat, nuestros hijos “nos dan la primera satisfacción”. La primera de muchas. Pero una de las más gratificantes.

Por supuesto, que esperamos que sean una versión 2.0, mejorada, con todas las actualizaciones y antivirus. Deseamos: que tengan mejor suerte que nosotros, que sean más felices, que logren más éxitos, que no tengan que sufrir, que la vida los trate mejor.

Aunque yo no me puedo quejar. La vida es dura pero yo tuve una infancia feliz. Muy feliz. Y se ve en las fotos: siempre sonriendo. En mis cumpleaños y en el cole, rodeada de amigos, jugando con mi hermana, en la comunión, en la confirmación, en “mis 15”, en las vacaciones en la playa (bien negrita), en el patio de casa rodeada de nuestros perros y gatos, disfrazada… feliz en todas.

Y pienso, que así también es como sale S en sus fotos, en las posadas, en las que esmera una sonrisa grande y en las robadas, en las que la pillo haciendo de las suyas. Feliz. Y probablemente, dentro de 30 años, sea ella la que se mire en esas fotos, la que se vea en esos videos y se compare con sus hijos. Y se le dibuje en la cara la misma risita tonta  que tengo yo ahora.

La vida es así. Nos multiplica.

¿Y vuestros hijos, se os parecen?

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

 

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