Niñofobia ¿de verdad?

O esa gente antisocial que nació adulta

Ayer me estuve empapando del tema de la niñofobia. Se que es un tema que viene de largo pero, entededme, hace poco que estoy en este mundillo.

niñofobiaLa verdad, yo no he vivido situaciones tan escandalosas como algunos padres que he leí­do pero tampoco es que haya salido inmune. Si que me he topado con algún restaurante en el que al vernos con el carrito nos han dicho que no había sitio. Y he aguantado malas caras yendo en metro o en autobús porque la nena hacía ruido. A una amiga una chica se negó a cederle el espacio reservado para carritos en el bus, porque ella estaba sentada allí­ y venía cansada de la universidad.

Y ya no ahondo en tema embarazo, que para mi fue todo un reto conseguir asiento en los trenes y metros en ese período. Un día un chico me pregunto que por qué se tení­a que levantar, ¿acaso esos asientos eran para embarazadas?, sentado en un asiento de los azules con el dibujo de una embarazada sobre su cabeza. Al parecer no solo no sabí­a leer, tampoco sabí­a interpretar imágenes. Grave, muy grave. Pero esto da para otro post.

Lo que esas personas que no soportan a los niños no ven es que las primeras en sufrir somos las madres. Por un lado, por lo incómodo que es moverse con un carrito en ciertos lugares. Y por otro, porque una no sabe cuánto tiempo va a aguantar el peque quietito y callado, cuándo se encontrara incómodo y se empezará a quejar, o cuándo tendrá ganas de jugar. A mi hija, por ejemplo, le encanta mirar a la gente y, cuando le devuelven la mirada, saludar. Pero cuando el público no está por la labor ella suele gritar para llamar la atención. Es un bebé simpático, ¿qué voy a hacer? ¿decirle que hay gente amargada que no quiere mirarla ni saludarla y que si intenta llamar su atención se lo tomaran mal?

Niñofobia ¿de verdad?

¡Gente! Parémonos un rato a pensar en unas cuantas cosas:

Primero: Es probable que tú hayas tenido un mal día, que tu jefe te haya gritado, que no hayas cerrado esa venta o que no acabaras a tiempo aquel maldito documento. La vida es difí­cil pero los niños no tienen la culpa. Ellos recién comienzan a vivirla y aún conservan (por suerte) esa frescura y esa energía positiva que tan bien nos vendrí­a a los adultos. Por qué en lugar de querer mantenerlos lejos no nos acercamos a ellos y dejamos que nos contagien un poco de eso. Os aseguro que rejuvenece.

niñofobiaSegundo: Ellos son nuestro futuro, como dice la publicidad, los que nos leerán la letra pequeña de los contratos. ¿En serio queremos tratarlos mal ahora que nos empiezan a conocer?

Tercero: ¿Tú crees que has nacido adulto? Me parece que no ¿no? Es más me arriesgarí­a a afirmar que también fuiste un bebé llorón. ¿Te hubiera gustado que quisieran excluirte de todo, que alguien pretendiera que tu vida infantil transcurriera recluido en casa, en la escuela y en el parque, los únicos espacios reservados para los niños y que tus padres no pudieran hacer vida fuera de esas fronteras porque te tenían a ti?

Cuarto: Puede que tu no quieras tener hijos, es una decisión personal y para nada cuestionable. Pero, afortunadamente para la supervivencia de la humanidad, hay otros que si. Y ¿os dais una idea de lo dif­cil que es ser padres?

Quinto: Hay niños que se no se portan adecuadamente y esto puede molestar o incomodar a quienes están a su alrededor, y reconozco que fastidia aún más cuando los padres eluden la situación. Pero, incluso en esos casos, la culpa no es de los niños, sino de los adultos.

Se que probablemente esto no llegue a las personas aludidas porque aunque encontraran este post por casualidad, no tendrían la voluntad de leerlo. Pero a mi me sirve al menos para descargarme. Y a vosotros, quizá para sentiros identificados.

La sociedad va por un camino en el que ya nadie soporta nada. Todo nos disgusta. Deambulamos por la vida agotados y agobiados. Y el estrés nos ciega. Y la niñofobia es solo una más de sus consecuencias.

Hace falta un cambio. Urge.

#stopniñofobia

¡Nos vamos leyendo!

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