No hay niños malos. Hay niños

¡Qué guapa! ¿Es buena?

¿Qué si la niña es buena? Claro que es buena, es traviesa, curiosa, juguetona y buena. ¿Cómo va a ser mala? Si ni siquiera sabe qué es eso. Ella todo instinto. Es vida pura. Es naturaleza. Es una niña. No hay niños malos. Hay niños.

no hay niños malosEn casa tenemos una cobaya. Un macho de 5 años, mayor ya para su especie. La última vez que lo llevamos al veterinario pregunté por qué, a pesar de que la nena le tiraba de los pelos y le metía los dedos en los ojos intentando tocarlo, el animal no la atacaba, solo chillaba un poquito pero, se quedaba quieto. “Porque nota que es un bebé y los animales saben que los bebés no tienen maldad, lo sienten”, me dijo la veterinaria.

Desde entonces me muero de ternura cuando S se cuelga de la jaula para saludar a su amigo peludo, estira su bracito todo lo que puede y le cuela juguetes dentro pasándolos entre los barrotes. Y él, con paciencia, se queda esperando, aún a riesgo de perder algún mechón o bigote en el intento. Yo intento explicarle a S que hay que tratarlo con suavidad y ella intenta hacerme caso. Aun no controla su fuerza y es un poco torpe pero le sobra amor.

No hay niños malos. Hay niños.

Niños curiosos, niños inquietos, niños juguetones, niños que buscan divertirse porque es lo que les toca a su edad.

Sin embargo es común escuchar que el niño es bueno porque no llora casi, porque duerme toda la noche del tirón, porque se queda quieto en un rincón con sus juguetes, porque no toca nada, porque se come todo lo que le dan. ¿Qué nos pasa? ¿Acaso no puede expresar que está molesto? ¿no puede tener insomnio o pesadillas o hambre en medio de la noche? ¿y sentir la necesidad de descubrir su entorno? ¿no es posible que no le guste la comida que le dan o no tenga hambre?

No soporto cuando alguien le dice a mi hija “no seas mala” si jugando toca algo que no debe. Aún está aprendiendo, conociendo, experimentando. Cómo va a saber qué está bien o qué está mal si ni siquiera sabe qué es bien o qué es mal. Si aún le falta mucho por vivir.

En todo caso aún no ha aprendido que conductas son correctas y cuales no. Ni cuál es el comportamiento adecuado en cada lugar. Ni cómo se hace cada cosa. Aún no ha asimilado qué puede tocar y qué no. O qué consecuencias tienen sus actos. O cómo debe relacionarse con otros.

Yo prefiero optar por un “eso no se toca porque…”, “eso no se hace porque…” Y le explico los motivos, aunque sea un bebé y parezca que no entiende. Porque la apariencias engañan, son chiquitos no tontos. Aunque ahora no entiendan, pronto lo harán. Y, sin dudas, aporta más un “porque…” completo que un “porque no” vacío.

¿Con que concepto de su personalidad crecerá el niño si le decimos que es malo? ¿cómo quedará su autoestima si lo definimos con algo tan negativo?

Nuestro papel no es decirle que él o ella es malo o mala sino enseñarle a partir de nuestro propio ejemplo a convertirse en una persona con la autoestima necesaria para tener relaciones sociales respetuosas y positivas. Que entienda dónde acaba su espacio personal y empieza el de los demás, y que nadie tiene derecho a invadirlo. Nosotros somos el modelo que tomará para identificarse, para imitar. Y seremos la respuesta que busca, nuestra reacción a sus actos marcará  no solo su comportamiento sino también su carácter. Esta moldeando su temperamento, dibujando su identidad. Si le respondemos negativamente estamos restando en vez de sumar.

Pensemos en ello.

 

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

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