Renunciar para no renunciar

Cuando no se puede conciliar

renunciar conciliar
Cómic Maitena

Últimamente se habla mucho de conciliación de la vida laboral y la familiar, un tema de “rabiosa actualidad”. De las mujeres que no renuncian a su carrera profesional y que hacen malabares para trabajar y criar a sus hijos. Y me alegra que esto esté en la mesa de debate y muy presente en los medios, porque es un paso adelante para encontrar una solución.

Pero echo en falta que se hable de otra de las caras de este asunto, la de las madres que tuvimos que tomar esa decisión que es difícil de tomar. Y renunciamos al trabajo para no renunciar a ver crecer a nuestros hijos. Porque algunos casos son más complicados que otros y no todas podemos seguir en “la resistencia”.

Y me gustaría hablar de lo que significa renunciar al trabajo y lo que implica quedarse en casa. Considero que poner en palabras esto, nuestra realidad, es otra manera de luchar por esa conciliación real que nos merecemos.

Se que no necesito justificarme y que no debo explicaciones a nadie pero voy a exponer los motivos que me llevaron a renunciar. Yo deje mi trabajo porque no había tenido a mi hija para estar separadas desde las 7am hasta las 7pm. Ni para estar tan cansada y agobiada por el trabajo que las únicas dos horas al día que pasáramos juntas (despiertas las dos) no fueran de calidad. Porque se me estaban agotando las reservas de leche en la nevera y no iba a poder continuar con la lactancia materna exclusiva con lo poco que me podía sacar al día en el trabajo. Porque un día se me estropeó el sacaleches y me puse a llorar. Porque a pesar de que los abuelos la cuidaban de fábula mi hija necesitaba a su mamá más horas. Porque en la primera semana que pasamos todo el día juntas después de dejarlo avanzó más de lo que había hecho hasta el momento. Porque mi trabajo no era el de mis sueños sino un mal sucedáneo que pagaba a duras penas las facturas. Porque a veces renunciar es la única solución que encuentras.

Renunciar ¿a qué?

Para el que cree que quedarse en casa es la vía fácil: lo fácil es juzgar sin meterse en la piel del otro. Estoy cansada de escuchar que estoy en casa sin nada que hacer, que ahora tengo tiempo para hacer lo que quiera, que si no consigo hacer todo es porque no me organizo bien, y bla, bla, bla… ¡Por favor!. Yo solo escucho hacer.

“Ahora que no trabajas…” te sueltan en medio de la conversación, y lo dicen sin darse siquiera una idea del TRABAJO que es cuidar a un hijo (o a dos o a tres o a los que sean) sola todo el día. Harta estoy también de oír esa frase de “si te lo puedes permitir…”, porque no, no me lo puedo permitir pero aún así lo hice. ¿Quién se lo puede permitir? Muy pocas.

Cansada de que algunas (solo algunas) de las madres que trabajan te vean como una vaga o como una inútil que no es capaz de tener hijos y trabajar. ¿Si entre mujeres nos vamos a juzgar cómo esperamos que los hombres nos apoyen?

Lo que hacemos las madres que dejamos de lado nuestra vida profesional por nuestros hijos es UN SACRIFICIO. En una de las definiciones que la RAE ofrece para la palabra sacrificio lo describen como: “Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del amor”. Y alguien abnegado es el “que se sacrifica o renuncia a sus deseos o intereses, generalmente por motivos religiosos o por altruismo”. Ahí lo dejo.

Y si me preguntan ¿qué estamos sacrificando? Pues, unas cuantas nimiedades como:

Crecimiento profesional

Salario (dinero + independencia económica)

Unas horas fuera de casa sin el bebé

Sentirte productiva

Un motivo para maquillarte y vestirte bien cada día

Tener conversaciones adultas

Dinero y ciertos lujos (como comprarte ropa nueva o salir a cenar)

Tu lugar dentro del mercado laboral.

 

La vida de una madre en casa

Y mientras tanto, te sumerges en una rutina de papillas y pañales, pañales y papillas. Tu mayor logro es tachar todas las cosas de la lista de tareas diarias. Algo bastante difícil con un bebé demandante de toda tu atención y que no para de moverse. Y todo esto sin una nómina que lo compense a final de mes.

Y es genial poder compartir tantas horas con tu peque, vives cada momento, cada aprendizaje, cada paso que da. Pero para nada es como en las películas, también tienes tus momentos de agobio, de estrés, de sentir que llevas el día entero en un suma y sigue de tareas y al llegar la noche si consigues acabar está todo como a primera hora de la mañana. Igual. Pero tu agotada porque no paraste de hacer cosas y para quien lo ve de fuera es como si le hubierais dado a la pausa. Como en esas imágenes idílicas de salones con mucha luz natural donde aparecen una mamá y su bebe jugando sobre una alfombra blanca, todo impecable. Mentira podrida.

Este video muestra, como dice su autora, “por qué las mamás trabajan durante todo el día; sin embargo, al final nada queda concluido”

Video del canal Story of This Life

Salir del mercado laboral no es una decisión fácil de tomar. Teniendo en cuenta lo difícil que es entrar en él en estos tiempos. Y aún mas complicado siendo mujer y madre y con más de 30 años. Y cuando, después de pensarlo mucho, decides que quedarte en casa es lo mejor, es porque crees que es lo mejor para esa pequeña vida que trajiste al mundo, no para tí.

En la última revisión de S, la pediatra me dijo: “No va a la guardería, ¿no?” y cuando negué moviendo cabeza añadió “se nota, se la ve muy bien”. Y esto fue un mensaje del universo: “lo estas haciendo bien”.

A mi me gustaría volver a trabajar y crecer profesionalmente pero sin que esto signifique que pueda dedicar poco tiempo y de mala calidad a mi hija. Quiero trabajar y ser madre sin que una cosa deba excluir la otra.

 

Y vosotras, ¿Cuál es vuestra experiencia en este tema? 

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

Comments

  1. Patricia-misspatucos-

    ¡Cuánta verdad!

    Casi se me escapa una lagrimilla incluso en algún momento.

    Es el trabajo más sacrificado que hay y socialmente no está reconocido como se merece.

    A mí me parece que es todo un acto de valentía por tu parte.

    No creas que todas están preparadas para cuidar de una casa y sus peques durante todo el día y habrá muchas, que aunque sí lo estemos ni siquiera nos atrevemos a hacerlo por miedo.

    Me ha encantado lo de “Si te lo puedes permitir…” y tu respuesta de ¿Quién se lo puede permitir…? Es totalmente cierto. Muy muy muy poca gente. Pero es una manera de contraatacarse entre mujeres… Es una pena pero es así.

    Eres toda una valiente y si algún día de esos de estrés infinito tienes tus dudas recuerda al pediatra y también que por lo menos desde donde yo he podido leerte para mi no lo estás haciendo bien, sino que no tengo dudas de que lo estás haciendo fenomenal.

    Un abrazo.

    Patricia-misspatucos

    1. Post
      Author
      mameando

      ¡Gracias! Ahora recordaré la frase de mi pediatra y tus palabras. El día que escribí esto necesitaba hacer catarsis y creo que lo conseguí. Me alegra sentirme comprendida y apoyada por otras madres. No se si soy una valiente pero si se que estoy enamorada de mi hija y todo lo que hago es por ella.
      Otra vez, gracias

      Un abrazo

      Johanna

  2. Mariela

    Es super duro estar con un bebé todo el día, el problema es que vivimos todos aislados, la maternidad es dura en este entorno individualista – capitalista…cómo echo de menos una casa grande con un montón de gente que entre y salga y que entretengan al niño a ratos. En una semana se va mi suegra. Queda mi marido solo cuidando a mi bebé mientras yo trabajo, ya veré como se acumula el polvo por la casa (entre otros)

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