Preparando una escapada de a tres o cómo llegue a la conclusión de que ser madre no es cómodo

 Ser madre no es cómodo, pero…

ser madre no es cómodo
S haciendo lío mientras yo cocino

El otro día estaba cocinando y como siempre la pequeña S estaba dándome vueltas alrededor. Se me trepaba por la pierna y, como consecuencia, tiraba de mis pantalones hacia abajo. “No me tires de los pantalones” le dije, “no estoy cómoda”. Fue una frase rara, lo admito. Pero desato un montón de pensamientos que me trajeron hasta aquí, delante del ordenador, para escribir este post. “Y es que…, pensé en ese momento, ser madre no es cómodo”.

Hace unas semanas se desataba una polémica en la red y los medios de comunicación por unas palabras de la periodista Samanta Villar en las que concluía que ser madre quita calidad de vida. Jamás se me ocurriría describir con esas palabras la maternidad porque no creo que disminuya la calidad de vida sino que cambian los parámetros para medir esa calidad. Tienes otras prioridades y valoras todo de manera diferente. Pierdes un sinfín de cosas pero ganas otro sinfín de ellas. Todas o casi todas estas nuevas relacionadas con tu bebé, eso sí.

Yo, en cambio, prefiero analizar la maternidad como un estado de incomodidad que puede ir variando en los factores que la provocan pero que se extenderá indefinidamente. Probablemente hasta que nuestros retoños abandonen el nido y eso puede ser a los 20 en los mejores casos o a los 35 en los peores. Así que vayamos haciéndonos a la idea. La maternidad no es cómoda porque todo lo que antes era simple ahora es muy complicado. Lo que antes era rápido ahora lleva mucho tiempo. Y lo que antes era improvisable ahora requiere de una cuidada planificación.

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Mis provisiones para la escapada de a tres

Cuando llegaron a mi estos pensamientos, como les comentaba al principio, estaba cocinando. Cocinando un par de litros de caldo y cuatro o cinco botes de papillas para tener provisiones para el próximo fin de semana porque ¡nos vamos de escapada los tres!. Y así como escribo la palabra escapada pienso en cómo va perdiendo sentido en cada sílaba una vez inmersa en este texto.

Una escapada es ese viaje que haces con tu pareja o tus amigos para “escapar” de la rutina. Para una escapada, preparas una maleta rápida y te vas. Pero, cuando tienes hijos, ¿maleta rápida? me río de solo pensarlo. Salir de casa con un bebé aunque solo sea un rato requiere una cierta planificación: ¿cuántas horas estaremos fuera? ¿qué comidas le tengo que llevar? ¿agua? ¿tengo suficientes pañales en el neceser? ¿y toallitas? ¿hay una muda de recambio por si acaso? ¿le llevo algo de abrigo por si refresca? ¿algún juguete para entretenerla? ¿y crema para el sol?… Y cuando crecen un poco la cuestión evoluciona a ¿bici o patinete? ¿tendrán acabados los deberes? y otras tantas preguntas más que seguro conoceréis mejor que yo.

Y mientras metía los frascos en el congelador y hacía una lista mental de todo lo que tendría que llevar, (haciendo un esfuerzo por memorizarlas para no olvidar nada) me pregunté: “¿cómo se escapa de la rutina con un hijo?”. La respuesta, por supuesto, me llegó ipsofacto: “No se escapa, ¡ilusa! Te la llevarás contigo allá donde vayas junto con los botes de puré de verduras y pollo” ¡Qué perturbador!

Ser madre no es cómodo. No es cómodo el embarazo, no es cómodo el parto, no es cómodo criar un hijo. El problema es que, a lo mejor, no previmos esa incomodidad y ahora se nos hace difícil sobrellevarla porque el mundo de hoy nos inculca que las cosas deben ser fáciles y placenteras. Es placentero ir en pijama todo el día, pero ¿verdad que no se te ocurriría salir de fiesta vestida así?. No, en tal caso te calzarías esos pantalones ajustados que te hacen un culo fantástico y los tacones altos que estilizan tus piernas (un look nada confortable). Porque las cosas cómodas no son siempre la mejor elección. De hecho, muy pocas de las cosas interesantes, divertidas o que te dan algo bueno en esta vida son cómodas.

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S y yo jugando

Y entonces, mire hacia el suelo y la pequeña S seguía abrazada a mi pierna. Pero esta vez en lugar de tirar del pantalon, estaba dándome besos. Me agache, la alcé en brazos y con la satisfacción de tener las provisiones para el finde ya preparadas y la cocina limpia después de semejante despliegue culinario, con una sonrisa de superación en la cara, dije en voz alta (aunque sólo estábamos ella y yo en la casa): “Ser madre no es cómodo pero, como muchas de las cosas incómodas, vale el esfuerzo”.

 

¡Nos vamos leyendo!

¡A seguir mameando!

 

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